viernes, 30 de marzo de 2012

DIALÉCTICA DEL AMO Y EL ESCLAVO EN HEGEL





PRESENTADO POR:
CAMILO BRAVO [1]

Hegel dentro de la Fenomenología del Espíritu desarrolla el tema de la autoconciencia, la cual “se manifiesta en primer lugar como caracterizada por el apetito y el deseo, como una tendencia a adueñarse de las cosas y a hacer que todo dependa de ella, eliminando la alteridad que se presenta como vida independiente” (Hegel y el Espíritu absoluto P. 120). La autoconciencia es uno de los momentos fenomenológicos, junto con la conciencia, la razón, el Espíritu, la Religión y el Saber Absoluto. Pues en la Conciencia y en la Autoconciencia es donde se descubre la Razón, la cual se realiza como Espíritu en la religión y en el Saber Absoluto.

La conciencia determina la relación de oposición entre el objeto y el Yo, ese rasgo distintivo, es el instante en que las subjetividad se descubre en relación con todo lo que le rodea. El ahondamiento de la subjetividad permite que emerja la autoconciencia como el momento en sí de la conciencia. La conciencia pretende conocer el mundo a un nivel gnoseológico, distinguir entre lo que es sí mismo de aquello que es independiente de lo mismo. El camino dialéctico para alcanzar dicho desarrollo fenomenológico de la autoconciencia está relacionado con la certeza sensible la cual capta lo particular, que es concebido como verdadero, las percepciones asumen similar tarea dentro del proceso fenomenológico, y el intelecto produce dichas relaciones entre uno y lo variado, en donde lo producido por el intelecto depende de algo distinto de sí mismo, pero en esa relación entre el objeto y la conciencia de él, constituyen el momento de la Autoconciencia. Cuando en sí la subjetividad logra desplegarse, asumiendo una labor introspectiva y a la vez diferenciándose del resto de la realidad, lo meramente objetivo.

La Autoconciencia pasa por las etapas dialécticas del Apetito y el deseo en donde, el individuo pretende adueñarse de las cosas, se elimina la alteridad, todo se convierte en objeto y se cree en que la dimensión subjetiva, tan sólo pertenece al amo. En las formas de la autoconciencia, se sale del  en sí, para transformarse en el para sí, en este instante se da el sometimiento de una conciencia a la otra, a través de la autoconciencia que se despliega desapareciendo otras subjetividades:

Así  nace la distinción entre amo y siervo, con su consiguiente dialéctica, que Hegel describe a lo largo de páginas que han hecho muy famosas, sobre las cuales los marxistas han reclamado una atención especial y que se cuentan efectivamente entre las más profundas y las más atractivas de la fenomenología. El amo arriesgó en la lucha su ser físico y, por consiguiente, al vencer se ha transformado en Amo. El siervo tuvo temor de la muerte y, en la derrota, con tal de salvar su vida física, aceptó la condición de esclavo y se convirtió en una cosa dependiente del amo. El amo utiliza al siervo y le hace trabajar para él, limitándose a gozar de las cosas que el siervo hace para él. En este tipo de relación se desarrolla un movimiento dialéctico, que acabará por provocar una inversión de papeles. En efecto el amo acaba por convertirse en dependiente de las cosas y deja de ser independiente, porque ya no sabe hacer todo lo que hace el siervo, mientras que el siervo acaba por independizarse de las cosas, al hacerlas. (ibíd. P. 120)

Durante la historia, especialmente en la Edad Media se percibía cómo el señor Feudal ofrecía protección y alojamiento a los vasallos, a cambio de protección frente a las guerras que se pudieran registran durante la época. De este modo se conciben a algunos como los sumisos, aquellos que dependen de la voluntad de otro para que los gobierne y le de utilidad a sus vidas. El siervo sabe labrar la tierra, en el contexto del mercantilismo, sabe tejer, se constituye en artesano, y en el contexto de la revolución industrial es el jornalero que manipula la maquinaría y queda expuesto a los trabajos más pesados y arriesgados, de ahí que en el caso de Marx se realizara todo un discurso en torno a la lucha de clases. Pero la cuestión no es de reclamar condiciones más justas de ser tratados, sino el tipo de pensamiento que hay detrás del hecho de ser siervo o esclavo. La sumisión, el hecho de pensar que otros son quienes llevan la dirección de las funciones en el mundo moderno, etc.

Existen dos grandes relatos occidentales: uno es el relato político, relato emancipatorio, nacido en las ideas de la Revolución francesa, relato que buscaba la gradual emancipación de la esclavitud de la humanidad, de la opresión que existía en ese momento, la ciencia tendrá un papel de representación del saber, el cual debería ser asequible a todos en busca de la Libertad absoluta. La segunda versión del relato será de tipo filosófico especulativo, este es el momento de Hegel, en el cual el saber es el primer paso para la evolución de la conciencia, desde un reconocimiento de una inconsciencia ignorante del problema. Estos dos relatos de tipo teleológico se constituyeron en metanarraciones de tipo local, piénsese en descubrimientos científicos, o producción educativa individual, que permite legitimidad en función del fin  de cada uno de los relatos.

Tal vez estas metanarraciones hayan surcado los mares y venido con los invasores, que llegaron a este continente, desplegándose en el devenir hacia los intereses de clase sobre los de la identidad. Recurrir a nuestras formas de pensamiento bien sean en fuentes directas o cercanas a aquellas que dan sentido a una experiencia filosófica propia ancestral es la directriz que nos posibilita en la construcción de un discurso ansiado en la razón, que se reconoce como esclavo, pero decide comenzar a construir historia desde la superación de su condición.

Es posible que hasta ahora se comienza a crear un sujeto histórico que reconoce su condición de esclavo, pero en ese mismo reconocimiento hace una negación del amo, y negándolo, permite pensar su origen histórico verdadero, por medio de dos conciencias enfrentadas por un deseo de reconocimiento que conlleve al sometimiento. En síntesis lo que busca la dialéctica del amo y el esclavo es que una de las conciencias me reconozca y se me someta. Y ese sometimiento el esclavo trabaja la materia (conocimiento), permitiendo que el amo se convierta en un agente pasivo, reconocido solo por el esclavo quien trabaja la materia y en ese trabajar comienza a construir la cultura, entendiendo la cultura como el trabajo que el hombre ejerce sobre la naturaleza, a su vez esta relación con la materialidad, le permite descubrir la relación con ella, manifestando que en él existe una creatividad que el permite sentirse más humano que el amo, pues en ese trabajo descubre su libertad. (Feinmann Pablo).

Aquí en este punto se introduce lo que se ha venido discurriendo sobre la importancia de reconocer las estructuras ocultas que de una u otra forma significaron la existencia de los pueblos indígenas, desde un fluir filosófico; es el caso del pensamiento Nahualt, quienes poseían una organización espacio-temporal, basada en una cultura de niveles desarrollados, que les permitían pensar y repensar la relación entre sus creencias y prácticas, arraigadas en una cosmovisión entre lo divino y lo humano. Este discurrir filosófico indígena anclado en las prácticas de algunos sabios que se convertían en las quías del paso por la tierra, estaba como ya se ha referido antes de en una construcción histórica y mítica que buscaba darle sentido a la existencia de los indígenas que poblaban una vasta zona del Valle de México, expresado por medio poemas y discursos que permitían entrever su pensamiento filosófico y que de paso dejaban descubierto preguntas que manifiestan el pensamiento existencial, la angustia, la muerte, el destino y las exigencias de los preceptos morales.

Asi como en Grecia los primeros filósofos se llegaron a preguntar por el origen de la realidad, el destino humano, los Nahualt también, lo hicieron, esta es quizá una de las posibilidades discursivas del Latinoamericano para superar la condición de siervo con relación a la consmovisión europea que no ha sido impuesta.

La pregunta por lo desconocido manejado siempre por una elite especializada ha permitido así que una verdad se convierta en metarelato y sea implantada al colectivo, permitiendo así un devenir paralelo no solo en lo filosófico sino también en lo social, con occidente donde la razón orientó los caminos a seguir para un buen funcionamiento de la sociedad.
Portilla en 1992 expuso:

Nadie puede ser amigo del Dador de la vida, nadie puede estar acaso a su lado en la tierra, pero al mismo tiempo es destino humano buscarlo, como quien entre las flores va en pos de alguien. El que lo invoca, el que lo busca, podrá vivir en la tierra. Podrá incluso decir que se encuentra a su lado, junto a él, precisamente porque él es dueño de la cercanía y de la proximidad. El pensamiento lleva probablemente a  la duda: ¿Eres tú verdadero, tienes raíz?, Porque (todo lo que es verdadero, dicen que no es verdadero. (Ibíd. P. 97) .

En conclusión la Sabiduría indígena se presenta en la historia como un metarelato más, como una construcción discursiva de dominación,  que procura mantener el orden a través de la cohesión coerción en este caso religioso, el terror que produce lo desconocido.

BILIOGRAFÍA

FEINMANN Pablo, Filosofía aquí y ahora. Http://www.youtobe.com/watch’v=rsYyB4sGn6g&feature=related

Hegel, Fenomenología del Espíritu. Ariel, 1992.
Portilla Miguel. Pensamiento Nahualt. Quinto Centenario. Editorial Trotta, consejo superior de investigaciones científicas.


[1] Sociólogo de la Universidad Santo Tomas y maestrante de cuarto semestre de Filosofía Latinoamericana.

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