miércoles, 20 de junio de 2012




Las Guerras Civiles en Colombia
EL derrumbe del concepto de Estado
             
                                                                                                                        Por:  Camilo Bravo[1]


Lo que pretende esta indagación no es hacer una reseña de los hechos ni situaciones que moldearon las guerras civiles en Colombia en el siglo XIX,  no se trata de repetir información que bien podría consultarse en un libro de historia y que de forma más explícita expondría las formas por las cuales la disputa por el poder entre liberales y conservadores, (evoluciones del problema Santander – Bolívar), formaron la conciencia del pueblo y desdibujaron la correcta enunciación y atomización de un ciudadano concreto y referenciado a un Estado más real que formal; menos  busca develar la pelea entre la fe y la “razón”, por la representación de lo público que muy bien  expone  María Teresa Uribe de Hincapié en su libro Nación, Ciudadano y soberano.

Si algo pretende obviamente  desde un ejercicio de arrojo es la enunciación de una hipótesis que puede ser debatida desde múltiples escenarios,  pero que se sustrae  de las lecturas hechas por el autor (yo) de los diferentes textos históricos que han enriquecido medianamente el ejercicio académico y desde la praxis concreta de la cotidianidad,  que me han formado como individuo critico de mi propia realidad, la cuestión que dará vida a esta breve reflexión  se sustrae desde la pregunta  ¿hasta dónde se puede hablar de un Estado en Colombia? Puedo responder atrevidamente que en Colombia no ha existido Estado, quizás Nación sí, e incluso una gran Patria,  pero Estado permítanme dudarlo,  y para no parecer pretencioso u ocioso  tratare de pedir ayuda a María Teresa Uribe:

Uribe (2001)

En Colombia, lo público tuvo como primera expresión la comunidad cristiana, entendida como la comunión de bienes espirituales, de creencias y de mandatos morales. Los referentes de identidad se construyeron desde allí y se participaba en esa comunidad si se era recibido por la iglesia mediante los ritos sacramentales (p. 165).

                Lo público, entendido como comunidad cristiana, no logró establecer límite alguno entre la moral privada y las virtudes públicas; éstas no existían como tales ni resultaban necesarias pues lo común y lo colectivo estaban totalmente acotados por el universo simbólico de la moral católica, que partía del presupuesto según el cual un buen cristiano era también un buen ciudadano (p. 165).

                El advenimiento de la república y la fundación de un Estado estructurado jurídicamente bajo la forma racional legal, formalmente regido por leyes abstractas y generales, instauraba, por lo menos en el orden constitucional que lo fundamentaba, una sociedad moderna que como tal abandonaba, como principio estructurante y legitimador del orden social, al metarrelato religioso para descentrar el mundo en esferas relativamente autónomas; con lógicas propias, separando el derecho de la moral y dando paso a unas representaciones colectivas o estructuras de conciencia racionalizantes y universalista (p. 167).

Estas dos visiones se enfrentaron en una lucha por las esferas de representación simbólica llevando sus visones de mundo al extremo pero sobre todo desarticulando la relación entre  los individuos que componían el universo cotidiano (indígena, esclavos, artesanos, criollos, mestizos, etc.) y los referentes de universalidad,  en este caso el Estado el cual fue reducido como expone Uribe(2001) (lo cual no es necesario leer si está de acuerdo conmigo que en Colombia jamás ha existido Estado) a la participación  de uno u otro estadio de “conocimiento” de la realidad objetiva por parte de los actores mencionados arriba y que debe ser defendida como expone nuestra autora desde el relato de la sangre derramada y en su defecto bajo el discurso de los agravios.

Uribe (2001) expone:

La lucha por el control de la representación de lo público entre el conservadurismo y el radicalismo no logró definirse a favor de ninguno de los grupos enfrentados; la esfera pública no sería ya comunidad cristiana en el sentido del orden tradicional, pero tampoco sociedad de individuos libres articulados por las representaciones colectivas racionalizantes y autónomas de la sociedad moderna. Por el contrario, lo público terminó escindido en dos mitades mutuamente excluyentes y antagonizadas de cuyas agresiones recíprocas está hecha la historia de Colombia.

Esta escisión de lo público terminó anulando este espacio privilegiado para la formación de universos simbólicos de cohesión y de identidad. En su lugar se instauraron las de los partidos como representantes de comunidades imaginadas que otorgaban sentido de pertenencia y representaciones colectivas a las localidades, los sujetos, los vecindarios y las regiones, creando un sentido de nación y de patria que se confundía con los partidos y se imbricaba con ellos.

La lucha por la representación de lo público propició su escisión, su fractura y su reemplazo por las dos colectividades partidistas; éstas pasaron a acotar ese espacio, a representarlo, a simbolizarlo. Fueron sus universos simbólicos y no los de la nación o del Estado los que le otorgaron algún principio legitimador e integrador a la sociedad colombiana.

Esta vía tortuosa e híbrida en el tránsito hacia la modernidad tuvo repercusiones de hondo calado en la vida política nacional. Aquí enunciamos las siguientes:

Lo público sustituido y la ausencia de cultura política. La escisión de lo público en lo partidista no permitió que se transformase de manera significativa el viejo ethos sociocultural y que las representaciones colectivas racionalizantes y universalistas, que existían objetivamente en la Constitución y en la ley, fuesen asumidas e integradas por los sujetos como parte de sus mentalidades o como guías para orientar sus acciones y sus comportamientos; por el contrario, la identidad fue partidista y excluyente. El antagonista político fue considerado como una amenaza para la identidad, para el ser social colectivo. Este fenómeno dio paso a una mentalidad excluyente que dificulta la conformación de una verdadera cultura
política.

La escisión del referente público no permitió la consolidación del Estado como “el otro generalizado” (tal como lo concebía Durkheim)15 . El Estado existía formalmente en el ordenamiento jurídico pero no era percibido así por la mayor parte de los sujetos sociales. Estos carecían de representaciones colectivas para identificar la diferencia entre Estado y partidos, lo que condujo a la construcción del primero como un aparato débil, fragmentado y con dificultades reales para mantener el orden y organizar la vida social.

La debilidad de lo social y la sobrepolitización de los conflictos. La escisión de lo público y su representación en forma partidista, aunada a la debilidad del Estado, determinó que la mayor parte de los conflictos transitaran por los canales de los partidos y se debatieran en el espacio de lo propiamente político, aunque originalmente no tuviesen dicho carácter. De allí resultarían las confrontaciones sobrepolitizadas que ante la escisión de lo público se resolvían por la fuerza, la
guerra y la violencia.

Así, conflictos étnicos, vecinales, entre localidades y regiones, interindividuales, conflictos por la tierra, por el control de recursos naturales y de toda índole se politizaron y se desarrollaron en esa matriz histórico partidista que sustituyó lo público en Colombia16 .

La sobrepolitización de los conflictos tuvo como corolario el debilitamiento de las sociabilidades y la dificultad para consolidar una sociedad civil fuerte y organizada. La mayor parte de las organizaciones correspondientes a este ámbito (sindicatos, asociaciones campesinas, gremios, acciones comunales) han surgido en el espacio de los partidos o terminaron cooptados por ellos.

La debilidad de la ciudadanía y la ausencia de virtudes públicas. La escisión de lo público y su representación partidista no permitió que las representaciones colectivas de la modernidad, como la ciudadanía y la soberanía popular, tuviesen una existencia real y se instalasen en las mentalidades, en los sentidos comunes y en los ethos socioculturales; en lugar de ciudadanos, este proceso crea copartidarios, miembros de partido, clientelas, clubes políticos y otras organizaciones del mismo estilo.

A su vez, las virtudes públicas se confunden con la ideología o las necesidades del partido; en este contexto, ser buen ciudadano pasa a equipararse con ser buen copartidario, buen miembro del partido, ir a las urnas o apoyar a sus jefes naturales.

No hay un código público interiorizado y la moral individual privada no provee elementos que permitan constituirlo.

Pese a las dificultades descritas y a las implicaciones políticas y éticas de estas vías de tránsito entre lo tradicional y lo moderno, los partidos y sus universos simbólicos funcionaron como los referentes de identidad a través de los cuales se garantizaba alguna forma de legitimidad política. Por su parte la moral católica, privada y trascendente, logró ejercer control social sobre todo en el campo de lo doméstico y de las relaciones intersubjetivas; esto en el espacio de la sociedad mayor, porque las regiones y pueblos excluidos y librados a su propia suerte constituyeron referentes fragmentarios y localistas que diferían y se confrontaban con lo bipartidista y con la moral católica.

Este modelo de legitimidad y de identidad —que funcionó precariamente mientras la sociedad colombiana fue predominantemente rural y pueblerina, territorialmente dispersa, económicamente fragmentada y culturalmente desintegrada—, empieza a mostrar signos alarmantes de crisis política (de legitimidad) y ética (de valores) cuando el país entra por la senda de las grandes transformaciones sociales propias de la industrialización, la urbanización y la modernización, es decir, cuando las formas tradicionales y los referentes espacio-temporales en los cuales se asentaba el viejo ethos, se disuelven y se descomponen por la vorágine de la vida moderna.


¿Entonces qué es lo que propone esta pesquisa?  La intención del presente trabajo está dada desde la enunciación de aquellas categorías que permitieron la posibilidad de una “guerra civil” en Colombia en el siglo XIX. Pero no sub - categorías como hechos o fechas sino mas bien las condiciones de posibilidad ancladas detrás de estos hechos y fechas.
Como una  estratega la historia se posa de generación en de – generación articulando sus huellas dejadas en la conciencia de los pueblos y de las mentes de sus “ciudadanos”  haciendo el eterno retorno tratando de guiar al general en su laberinto.
Como ideas de formulación epistemológica, las aristas del proyecto ilustrado francés e ingles se enuncian pero no se concretan,  más bien rondan  las calles oscuras y sempiternas de la vieja y condenada experiencia del pensamiento enclaustrado en doctrinas ideológicas en hombres que no han alcanzado la mayoría de edad necesaria para la consolidación del proyecto ilustrado, y si exponen a su coterráneos a derramar sangre y vida en nombre de una patria y una nación que reemplazo el Estado (pero no a la Nación), garante de un ciudadano real y autónomo que esta mas allá de la pertinencia y la pertenencia a un partido, el jubilo mortal se concreta en la herencia a un partido ojala sea el conservador  pues es este el que expresa con mayor fervor el mensaje del que murió en la Cruz.
Este inmenso cementerio que es Colombia llora sus muertos día a día, lo ha llorado desde hace más de 200 años y parece que está condenada a seguir llorándolos por los siglos de los siglos.
Los llora desde el intento de asesinato a Simón Bolívar hasta los días en que el sol aun sale bajo el desteñido velo de moral y ética que presupone el asenso de Juan Manuel Santos al poder en pleno siglo XXI, quien en su conciencia mantiene la sobra de un pueblo sin conciencia o con ella pero en letargo perpetuo.
Este estado de conciencia es regalo divino?  O es una maldición de mestizaje, esa mancha de sangre que nos persigue ? Cualquier respuesta  podría referirse a la consolidación de una artimaña de las historia infantil que ha vivido Colombia durante todo su proyecto de Patria y República, porque de eso si que nos sobra, tenemos huéspedes eternos que se quedaron habitar para siempre en la sombra de una clase política vil e indolente, que se jacta de propender valores para la subyugación de la conciencia del “pueblo” si es que aun existe esta categoría, siempre exaltando la Patria y República como categorías de referencia. 
Se puede mencionar que si el Estado quedo reducido como lo expone Uribe (2001) a un simple ejercicio discursivo enunciativo de unos actores en pelea por la representación de lo público,  que asignaron el que hacer ciudadano a la pertenecía y pertinencia de dicho ejercicio político, en Colombia jamás han existido guerras civiles, y si estas han sido expresadas, será de manera enunciativa por parte de los líderes políticos de alta “alcurnia” que incitan a la masa a levantamientos en armas, pero siempre bajo unas lógicas muy históricas que develan un trinomio cuadrado no perfecto: lo local, lo regional y lo nacional.
Ahora bien atrevernos a decir lo anterior, nos obliga a considerar una revisión rápida de que podría entenderse como “Guerra Civil”, para (Posada2001) es menester comprender como primer momento que el concepto de Guerra  resulta complejo y de difícil aprehensión, pues la diversificación de definiciones pone el tema mismo en una disputa por su significación; si esto le ocurre al concepto mismo de guerra,  el de “guerra civil “no podrá escaparse de este mismo destino:
                Posada (2001) Expone:
La  “guerra” es uno de esos conceptos en extremo complejos, difíciles de definir. En      sus términos más amplios, según Clausewitz “la guerra es… un duelo en gran escala”: o “un acto de fuerza para obligar a nuestros enemigos a hacer nuestra voluntad”(citando                 otro autor) desde la perspectiva del derecho y de la política internacional, la guerra ha               sido históricamente asociada con los conflictos entre estados(citando otro autor)
                Una simple definición de “guerra civil” remitiría entonces a un conflicto                              interno, dentro de las fronteras de un Estado, en contraposición a una guerra                 internacional. Este es, en efecto, el uso general del término. (p. 1)

La pregunta que subyace a partir de una postura como esta es como definir entonces “guerra civil” en unas fronteras sin estado?
Una de las variables que quizás podamos encontrar como correlacionada al concepto mismo de guerra civil en Colombia, pero aclaro que no lo define en su mismidad,  es el gran componente emotivo y de pasión que encierra, situación que lleva a expresar como lo expone Posada(2001) la exaltación de la ira del hombre, situación en la cual el padre combate con el hijo y viceversa, hermanos entre hermanos, la familia, la comunidad resultan así enemigas. “las partes en conflicto  pertenecen a una misma comunidad política, existe cierto balance entre fuerzas en disputa, y un alto nivel de confrontación que determina conductas extraordinariamente brutales”. (Posada 2001, citando a Espinosa, p. 2)
Pero que es aquello que a acontecido en Colombia durante el siglo XIX? siguiendo al mismo autor podemos comprender que para dar referencia a un concepto se pueden utilizar  múltiples interpretaciones que justifiquen la idea que satisfaga a la mayoría, es así que el derecho internacional denominara de una forma el concepto de guerra civil y los teóricos de otra manera, mientras los primeros siempre buscaran adecuar el concepto mismo a su interés: la aplicación de sus leyes de la guerra a la conducta de los conflictos mismos para así definir las relaciones jurídicas entre terceros Estados y las diversas partes en conflicto, los segundos buscaran categorías diferentes de enunciación como por ejemplo la costumbre.
Desde este estado de cosas, en la cual la multiplicidad de expresiones discursivas que denotan las categorías más apremiantes del concepto mismo de “guerra civil”  la que puede encerrar mejor lo acaecido en Colombia durante el siglo XIX puede enmarcar perfectamente en la definición que el autor toma de los planteamiento  de De Vatell, el cual ofrece una amplia y casi escaneada imagen de lo que resulta el concepto mismo de “guerra civil” en Colombia, comprendiendo esta como dos actores sumidos en la irracionalidad propia de la minoría de edad, en donde la lucha por la representación de lo público juega el papel determinante en el quehacer político de un determinado “Estado”
Posada(2001) expone:
De Vattel no sólo favorecía así una amplia definición de “guerra civil”, sino que iba más allá. Tales conflictos  daban lugar, dentro de una misma “Nación”, al surgimiento  de dos partidos que, por sus visiones opuestas sobre la justicia de sus respectivos actos , deberían ser considerados por las leyes de la guerra como “dos cuerpos políticos separados, dos distintas naciones”(citando otro autor). Según  De Vattel  la distinción conceptual  dejaba de tener sentido: toda guerra civil  debería ser tratada como cualquier otra guerra internacional. (p.3)
                Sin embargo, De Vattel reconocía  de todas formas que tan amplio concepto  de “guerra Civil”  encerraba ciertos elementos sobre la intensidad o la dimensión del conflicto. Sus referencias a la existencia de la división de la República en dos partes   opuestas, “cada uno con demandas de ser el cuerpo del  Estado”, o al rompimiento del Estado que conduce a una “guerra pública entre dos Naciones diferentes”, así lo sugerirían. (p.3)
Esta misma imagen escanea es la que nos presenta Uribe (2001) en su texto Nación, Ciudadano, y soberano, en la cual nos expone como esta República se desfiguro desde el mismo momento del grito de la independencia y de lo cual se hizo mención en párrafos anteriores.
Ahora bien poder definir esas categorías que tratan de explicar la hipótesis que plantea este escrito pueden comenzar a rastrearse además de lo enunciado arriba, también,  en la poca correlación entre lo que se menciono como el trinomio cuadrado no perfecto (Nación, Región, Local) y como estas formas de enunciación discursiva bien sea liberal o conservadora no se dio de las mismas forma en los dos últimos términos (región, local) y mucho menos como tratamos  de explicar con Uribe(2001) en el ámbito Nacional.
González (2004) Expone:
Las reflexiones de Kalyvas parten de considerar que las guerras civiles no son conflictos binarios ni dicotómicos, sino procesos complejos y ambiguos que promueven las acciones conjuntas de actores locales, cuyas motivaciones, identidades e intereses se adaptan a los cambios nacionales y utilizan los recursos del orden central para su propia ventaja y en perjuicio de sus rivales. En ese sentido, sostiene este autor, muchas de las acciones de estas guerras parecen más relacionadas con asuntos locales o privados que con las confrontaciones de carácter general, ya que los actores locales aprovechan la guerra para arreglar conflictos locales y privados que a veces no guardan ninguna relación con las causas generales de la guerra ni con los objetivos explícitos de los beligerantes. Por otra parte, los actores que buscan el poder central utilizan recursos y símbolos que apelan a conseguir alianzas con los actores de las periferias local y regional que están luchando por sus intereses locales y regionales, con quienes podrían lograr una producción conjunta de acciones. Esta concepción implica, lógicamente, un desafío para la división clara entre la violencia política y la privada, y plantea una interacción entre actores nacionales, regionales y locales con diferentes identidades, motivaciones e intereses. Por eso, afirma Kalyvas, las guerras civiles pueden ser vistas como procesos que brindan la  oportunidad de que salga a flote una variedad de ofensas dentro de un conflicto mayor: esas ofensas pueden obedecer a tensiones locales o regionales preexistentes, o pueden ser también inducidas por la misma guerra civil, dados los cambios de poder en el nivel local y regional. (p. 39 -40)

Estos intereses entre lo que he denominado trinomio cuadrado no perfecto es lo que se evidencia en los distintos hechos ocurridos en la lucha por el poder entre liberales (sociedad moderna) y conservadores (sociedad tradicional) y que dieron nacimiento al sin fin de posiciones políticas explicitas en las distintas Constituciones Políticas que tuvo Colombia hasta la irrupción del re - generador Núñez.
La guerra civil acaecida en Colombia en el siglo XIX puede comprenderse como un ejercicio estratégico entre las tres partes involucradas y que estaba sedientas de poder y que buscaban mantener siempre un ejercicio de representatividad en ese imaginario colectivo que se llamaba Estado pero que se lograba confundir con referentes como Patria o Nación,
González (2004) Expone:
a veces el poder estatal regional puede convertirse en el enemigo mortal del poder local en un régimen federal, mientras que el centralismo de un Estado lejano e ineficiente puede representar una garantía para las autonomías locales.7 La necesidad de esta lectura tripolar se hace evidente en el caso de la apelación al federalismo en la última etapa de la Guerra de los Supremos, como conclusión de un conflicto que se inicia en la localidad, se expande a la región y luego a la nación, y sirve de detonante de una serie de problemas muy distintos en cada una de las regiones involucradas

Bibliografía:
González Fernán E. (2004) A propósito de “Las palabras de la guerra”: los comienzos conflictivos de la construcción del Estado nación y las guerras civiles de la primera mitad del siglo XIX* en Estudios Políticos No. 25 Medellín-. julio-diciembre 2004 – 37 – 70.

Posada, Eduardo (2001) ¿GUERRA CIVIL? El lenguaje del conflicto en Colombia. Bogotá D.C. Colombia. Ideas Para la Paz.
Uribe, María T. (2001), Nación, Ciudadano y Soberano. Medellín, Colombia. CORPORACIÓN REGIÓN

Uribe, María T. (2004), El republicanismo patriótico y el ciudadano armado*. En Estudios políticos. No. 24. Medellín. Colombia.


[1] Sociólogo, estudiante de la Maestría en Filosofía Latinoamericana. 



El QUIJOTE BLANCO;  ESE QUE LE LLAMAN JULIO ENRIQUE
                                                                                              Por: Camilo Bravo[1].
En esto descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como Don Quijote los vio, dijo a su escudero: la ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla, y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer: que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra. ¿Qué gigantes? dijo Sancho Panza. Aquellos que allí ves, respondió su amo, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas. Mire vuestra merced, respondió Sancho, que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que volteadas del viento hacen andar la piedra del molino. Bien parece, respondió Don Quijote, que no estás cursado en esto de las aventuras; ellos son gigantes, y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla
Don Quijote Cap. VIII

Corría el año 17 de 1900 y según la historia, en alguna llamada  revista “Voces”  un pinche (utilizando las expresiones del maestro Juan Cepeda) muchachito filosofo que entre los veinte y los treinta años de edad, publica lo que parecería su inaugural obra que intitulo  “De la Causalidad en Biología” (Nuñez1985, p. 21), y no siendo la única pero si aquella que llamaría la atención de no un “pinche” filosofo,  que admirado  decide publicarla en su propia revista y de paso escribirle a un colega suyo exponiéndole  “el gran porvenir que le espera al joven filósofo colombiano” (Nuñez1985, p. 21). 

El escrito mencionado en líneas anteriores como su autor deberán enfrentarse a un mundo  lleno de aventuras en la cual la epopeya central está  a cargo de Nietzsche y las pésimas interpretaciones que hacen de este, estos pocos versados en las aventuras.

Núñez (1985) expone:

Tanto en Medellín como en Barranquilla hubo reacciones. Este primer trabajo de Blanco y otros que más tarde aparecerán en la Revista “VOCES” producen un grande impacto en un grupo de jóvenes antioqueños estudiosos de la obra de Nietzsche, sin embargo, imbuidos en el pensamiento del filósofo alemán, a quien por cierto han asimilado mal, -véase Enrique Restrepo “Las influencias de F. Nietzsche en las generaciones jóvenes de Antioquia”, Voces Vol. III (25) –1918 - no alcanzan a valorar sensatamente las propuestas iníciales del joven filósofo barranquillero; en Barranquilla entre tanto, los jóvenes del grupo de “Voces”, a pesar de que en ellos los trabajos de Blanco han causado una grata impresión, comienzan a hacer bromas alrededor de las “raras inclinaciones” del joven Blanco, hecho que va a motivar un primer distanciamiento entre Blanco y el grupo de “Voces”. Lo que obliga a Ramón Vinyes a disculparse y a comunicarle cuál es el verdadero sentido de las bromas que se hacían de sus escritos: “Ayer le decía a Antonio Luis McCausland, a quien le mostré su carta, el daño que con nuestra risa negativa le habíamos hecho a Ud ... Voy convenciéndome cada día más que lo más trágico de la vida es la pérdida de la fe. Y Antonio Luis más que nadie. Usted no escribe como escribía. Ud. no habla como hablaba ... ! Y si alguien debe continuar de nosotros en su obra es Julio Enrique Blanco. Le digo todo esto porque su carta, fría y recelosa, me lo sugirió. Le encanta “VOCES”. Le espanta no se cuántas cosas más. Créame, Julio Enrique, hay una solidez en Ud. que no debe ser minada, ni debe quedar inútil. Lo mismo que aparentamos no creer en nada hemos de decirle que sí creemos en lo que Ud. hace.

                        Publique o no publique, escriba. Y escriba con entusiasmo como escribía antes. ¿Que nadie nos comprende? Sí los hay. No crea que Henri Poncairé, si hubiera publicado sus hipótesis cosmogónicas en “Voces” hubiera oído comentarios más inteligentes que los que Ud. haoído comentando (sic) su “Causalidad Biológica”. (DeRamón Vinyes a Julio E. Blanco - Correspondencia,21 de julio de 1918)” (p,  21).

Sin embargo nuestro “pinche” filosofo,  ese Blanco que llaman julio, versado en esto de las aventuras decide entrar en desigual y “feroz” batalla, no sin antes comprender que eso de hacer filosofía en Colombia es “para gente estrafalaria(Nuñez1985, p.22) situación que el maestro  Mesa, ese que llamaron Luis López  le confirma.

Núñez(1985) expone:

“(...) dudo que haya un colombiano entre un millón que acierte a apreciar esa intención suya: aquí, generoso amigo, el nivel mental no alcanza para desentrañar alusiones, así sean útiles como la que informa su trabajo (...) esfuerza decirles pan, pan; vino, vino, y aún así, lo declaran a uno ininteligible, y hasta farsante, cuando son vehementes”. “Qué quiere decir Ud...? si ya sabíamos que nuestra manía de filosofar no tiene aún ambiente en esta cultura incipiente colombiana”. (De López de Mesa a Blanco - Correspondencia, 1920). (p. 22)

Este “pinche” filosofo vuelve de las Europas y colaborando de vez en cuando  en la revista que dirige López de Mesa en Antioquia  “procura”  exponer  los resultados de esas tertulias que en nombre de la ciencia y la filosofía daban con sus pares de la primera revista. De este trabajo  resultan obras como utilidad pedagógica de la filosofía, progreso material y progreso espiritual ; además como un acercamiento en este periodo del joven blanco que llamaron Julio a autores como Hegel y Husserl.

Sin embargo nos sigue contando la historia que estos escritos merecieron  poca atención por parte de los Sanchos, al punto siquiera de comentarlas, y fueron llevando a nuestro “pinche” filosofo a un solipsismo en donde la importancia estaba en la escritura personal, sobre la publicación, y aunque lo intento y lo intento y lo intento, en esta no estaba su  hora feliz.

Nuestro Quijote ese que llamaron Blanco y que le decían Julio se desgastaba en los anales del tiempo y los ensayos,  mientras  los otros esos que llamaron de algún nombre, pero que aquí les decimos Sanchos se premiaban ellos mismos mientras dejaban a nuestro Quijote  olvidado en los estantes de lo extraño, “no aparece el nombre de Julio E. blanco, y cuando esto sucede, lo será sólo de pasada y como alguien que escribía extraños jeroglíficos en alemán” (Nuñez1985. P. 23)

¿Pero que ha permitido que a este Quijote que es Blanco y que la gran mayoría le decía julio, el olvido lo tenga  sus más sinceros afectos? Pues según Núñez(1985) esto se debió a lo complejo que resulta la obra de Julio Enrique Blanco,  además del poder centralista que ejercen los polos de desarrollo  filosófico, como los son Bogotá y  Medellín; que en reflexiones de Núñez(1985) la historia seria otra si ese “pinche”  hubiese nacido en alguna de las dos.

Núñez(1985) declara:

Por lo general los pocos estudiosos que se han acercado a la obra de Blanco lo han hecho sólo para decir cosas como éstas:
“Blanco domina perfectamente el griego, el latín, el francés, el inglés y el alemán, idiomas que conoce ampliamente, especialmente, este último. Tanto lo conoce que su construcción no tiene la claridad de la prosa española.

            Es confuso, difuso y abstruso como un germano. Carece de estilo, o si lo tiene, no es español”. (Benigno Acosta Polo). O apreciaciones tan desconsoladoras como éstas:“(...) Blanco, formado según parece, en la filosofía kantiana; usa un idioma áspero, hermético, imposible de digerir. Por esto mismo es difícil  terminar la lectura de cualquiera de sus ensayos”.(Silvia Villegas) (p. 23 – 24)

Ahora bien para Núñez (1985) el problema en la lectura del “pinche” Blanco que estoy casi seguro  los amigos le decían Julito, radica en la originalidad donde “una prosa ciertamente exigente, pero ágil y absorbente, va abriendo camino a ese difícil y profundo tema de que trata” (Núñez 1985, p 24)

¿De qué trata mas entonces más o menos?, trata de comprender que Blanco a secas, porque ya sabemos de quien estoy hablando,  busca comprender la relación según Núñez (1985) de la palabra con su intención para lograr niveles profundos de la  rigurosidad  filosófica.

Así, Núñez (1985) nos muestra en este escrito que es menester comprender  (que así como Pablo Jerenas ha tenido tres momentos en su evolución intelectual[2]) en Blanco tres momentos fundamentales  en el desenvolvimiento de su conciencia filosófica dadas en forma progresiva, simultaneas y que se organizan: a) primeros estudios que comprende desde sus 17 años a los 30, b) esfuerzo por comprender el ser y la mentalidad del español y una lucha personal por no caer en el solipsismo, c) pretendía la articulación  de un nuevo sistema en la filosofía. 

En  este orden de cosas la primera etapa  estuvo marcada según Núñez (1985) por una realización de la conciencia de sí mismo entre otros,  gracias a una disciplina evidenciada  en sus estudios autodidácticos, esto desde un sentido crítico; Paso así de la literatura en autores como Víctor Hugo, Dumas, etc., hacia el mundo de la  filosofía y la ciencia, de este mar de conocimiento y que estaba acorde con su rigor en la filosofía  que mencionamos anteriormente, Blanco  comienza a reflexionar sobre su interior en busca siempre de la conciencia que se piensa.


            Núñez (1985) expone:

En estos años el joven Blanco además de mirar a todo cuanto venía del exterior -la perplejidad ante la maravillosa multiplicidad del mundo natural-empezaba a reflexionar sobre todo cuanto provenía de su interior (3), tratando de compaginarlo todo para tenerlo presente en el crecimiento genético de su conciencia. Labor de precisión y fijación metódica y hasta cierto punto sistemática, a fin de ser lo que parecía haberse propuesto ser: una conciencia filosófica, un espíritu metafísico quedaba razón de la existencia. Emergen entonces, las primeras reflexiones filosóficas: “¿Qué son las cosas que constituyen el exterior de la existencia que nos circunda?” “¿Qué es, frente a ese exterior, el sujeto que constituye la existencia de nuestra entidad interior?” “¿Cómo reducir ambas cuestiones a una sola para hallarse la debida solución unitaria?” “¿Qué es el pensamiento?” “¿Qué es el movimiento?” “¿Cuál es el desenvolvimiento de los elementos esenciales de nuestra vida mental?”“¿Qué es una noción?” Tales son las cuestiones que demandan una explicación y que ahora se les presentan al joven Blanco como altamente filosóficas. Y de estas reflexiones brota su primer planteamiento filosófico: “¿Qué existencia debo atribuir a mis conocimientos?” “¿Son éstos la manifestación individual de una inteligencia superior a mí mismo, luego genérica, y superior también a la especie humana, luego supragenérica, más aún, superior al mundo, luego supramundana?” “¿O son ellos el producto de este mundo, aquella especie humana, el individuo orgánico de esta que he venido a ser yo?” (p. 25)


Este momento ubica a Blanco en un mundo anclado en el positivismo  que según Núñez (1985) giran en torno a pensadores de la talla de Haeckel, Darwin, Spencer,  y finalmente Kant, y que dio como resultado obras notas y ensayos como “historia comparativa de los sistemas filosóficos” entre muchos, que se consolidaran en el año de 1921.

En una segunda etapa las preguntas del cómo y el porqué serán centrales en la formación filosófica del Blanco para cerrar por decirlo con el encuentro entre Blanco y los escritos Kantianos que permitió el replanteamiento de la obra de nuestro querido Quijote.  Aquí las dos primeras preguntas las rastreadas en el ethos ibérico, además del solipsismo que le produjo el encuentro con Kant y que según Núñez (1985) estaba llevando a Blanco al solipsismo absoluto.


Núñez (1985) expone:

Realizadas estas investigaciones, obtenidas las averiguaciones que necesita, acuciado ahora por las hondas preocupaciones metafísicas que le han planteado las obras de Kant, trata de evitar a toda costa el riesgo que siempre amenazan al ensimismamiento intenso de la propia reflexión del ser: el riesgo del solipsismo absoluto.

Lo que necesitaba, abrumado como estaba por el esfuerzo incesante de expresión que en vano intentaba, de una filosofía, más aún, de una metafísica cuyo lineamiento me perseguía como una obsesión para vencer no sólo el idealismo, sino el tedioso e infecundo solipsismo en que frecuentemente venía a parar; animándose ya con los vislumbres de un intelectualismo afirmativo de la realidad sensible, lo que necesitaba era, repito aún, precisamente lo contrario de la monotonía interior de la especulación ego central; es decir, necesitaba la variedad exterior de la vida, de la naturaleza, del mundo”. (...) “necesitaba y quería dejar venir hacía mí lo exterior, lo expresado ya, para que penetrase en mi interior y me saturase de sí lo que en mí permanecía como pasivo e inexpresado aún, a fin de que me infundiera –si era posible, como lo imaginaba- una savia de vida nueva”(p. 26)

Este salvaje abismo que produce el solipsismo Blanco lo salva estudiando el pensamiento del cercano Oriente, llevado según Núñez (1985) a un viaje por Egipto, Paris, palestina.

Cierra el círculo el tercer momento o la tercera etapa que para Núñez (1985) es la más intensa y sobre todo más densa ya que es justo en esta donde Blanco elabora su filosofía original o metafísica:

Núñez (1985) expone:

“la expresión fundamentada para explicar lo que había venido a ser mi conciencia del fenómeno de la individuación humana en mí hasta llegar a ser el espíritu creciente de esa filosofía, (...), dentro del sistema genérico tamo bien creciente dentro de la integración siempre totalizable a cada momento o período de la historia, pero nunca definitivamente finito, de esa misma filosofía”. Libre ya su intelecto de aquella mentalidad española que él conceptúa “estorbo”, halla la libertad creadora del propio pensamiento y la independencia dignificadora del verdadero espíritu de la humanidad; entonces en su conciencia “fue delineándose en esquemas dinámicos de dialéctica para una lucha incesante de esfuerzos autodidácticos que volaban hacia un entendimiento más que telúrico, cósmico, de la existencia”.   Esta labor se fijó primero como un “LINEAMIENTO RACIONAL DE FILOSOFIA”, para fijarse después definitivamente, como una “METAFISICA DE LA INTELIGENCIA” donde inteligencia se descompone etimológica y semasiológicamente en “in-tele-agencia para connotar un doble aspecto: 1) la actividad radical, esencial que 2) interiormente se promueve rara obrar a distancia efectos finales. (p.26)


Estas formulaciones están amparadas e 14 pasos que Blanco a desarrollado por más de 5 décadas;


Núñez (1985) expone:

1) de una averiguación histórica, introductoria, de la egología donde críticamente examina los conceptos del Yo en Descartes, Locke, Berkeley, Hume, Leibniz,Kant, Reinhold, Beck, Fichte, Schelling, Hegel,Maine de Biran, Balmes, Bergson, James, Husserl, Freud, Jung y Koffka;, 2) de una noulogía donde dilucida en sus elementos el concepto de la in-tele-agencia; 3) de una cogitología similarmente dilucida en sus principios el concepto de la actividad esencial de la in-tele-agencia en cuanto ejercicio cogitante; 4) de una consecuente egología, 5) acerca del Yo; 5) de una categorilogía o tratado delo que son las categorías, como modalidades radicales de la in-tele-agencia; 6) de una noematología, o tratado acerca del espacio y del tiempo en cuanto actividades ya más que meramente categóricas, discursivas, que son intuitivas en la raíz misma de la in-tele-agencia; 7)de una arquetipología, o tratado de los arquetipos, las actividades in-tele-agentes que son los dechados de las modalidades esenciales en función de las cuales, como principios de todas las individuaciones, se producen y promueven los tipos de los seres, arquetipología que así da tránsito a una 8) Ontología que comprende las generalidades de la producción del ser o entes en general, y de aquí se fundamentan los tratados acerca de: 9) una fisiogonología o doctrina de la producción de lanaturaleza; 10) de una biogonología o doctrina de la producción de la vida; 11) de una antropogonología o doctrina de la producción del ser humano; 12) deuna psicogonología o doctrina de la producción de la consciencia humana; 13) de una historigonología o doctrina de la producción de la existencia histórica; 14) de una religiogonología o doctrina de la producción de los fenómenos religiosos; y, finalmente de una teogonología o doctrina de las manifestaciones de lo divino en cuanto teo-fano-Iogía el efecto final a distancia interiormente buscado a través de la consciencia en el espíritu mismo del hombre (p. 27)

 Para finalizar Núñez (1985) nos posiciona a Blanco dentro de la línea del intelectualismo  que se puede rastrear desde la sabiduría de los egipcios,  como en la misma  Critica de la Razón Pura, pero tomando como referente  el principio egipciaco-greco-latino, que ha permitido la compresión con el todo.

El objetivo de Blanco nos plantea Núñez (1985) está en dotar a la metafísica como ciencia, epistemología o teoría del conocimiento, tratando de  superar las condiciones dadas por las ciencias físicas o naturales, “Fundamentación nueva de la metafísica como ciencia, en la que realiza una audaz síntesis de la estética trascendental de Kant, y la teoría de la relatividad de Einstein” (Núñez 1985, p. 27).

Si seguimos el orden de la lectura vemos como en las formulaciones de Blanco existe una complejísima fundamentación ya que en él están las intenciones de soslayar tanto el problema de Kant frente a la metafísica como ciencia y la superación de las problemáticas encontradas por científicos como Plank e Einsten.

Núñez (1985) expone:

Por una parte las limitaciones que, según Blanco, presentan algunos planteamientos de Kant en lo concerniente 1) al concepto de inteligencia que en Blanco adquiere una dimensión metafísica, 2) en lo relacionado a la intuición inteligible, la que en Blanco asumein sospechados poderes para desentrañar el problema del absoluto, para Kant ésta no se realiza en el ser humano; asimismo 3) la rigidez del esquema categórico de Kant, que en Blanco se torna dinámico, y finalmente lo que concierne a las nociones de las intuiciones puras del espacio y el tiempo que en Blanco se ven dinamizados por la cuadridimensionalidad einsteniana. Por otra parte, ir más allá del borde del abismo, del misterioso abismo, allí donde el tiempo y el espacio quedan reducidos a meras sombras que se esfuman, abismal misterio que no les permitió a los eminentes sabios mencionados y a otros como Michelsen; Morley, Lontz, dejar en claro el origen de la dinámica eléctrica de los cuerpos, de la electricidad, de la magneticidad, la luminosidad y gravedad.


De allí es entonces de donde parten las tesis originales (4) de Blanco, que partiendo de le físico, van más allá de lo físico, desde donde se dimensiona lo metafísico:

“Me pregunté si era posible enlazar el esquema kantiano en su trascendencia del espacio y tiempo, continuo einsteniano, en su realización del ya integral espacio-tiempo. Y me respondíque sí, ciertamente, en cuanto se podía establecer una proyección, prolongación de la subjetividad de aquel esquema (Kant) -que por algo y para algo era trascendental-en la objetividad de esta realización. Bastaba así construir la fórmula del espacio euclídeo, considerada por Kant: x, y, z, conforme a la fórmula del espacio ya plus cuan euclídeo para establecida por Mikonki y Einstein: x, y, z, t, intuir el dinámico esquematismo kantiano,  subjetivo en su trascendencia, lo fenomenal que se proyecta a través del continuo relativismo einsteniano, objetivo (ya) para realizarse en la primera estructuración natural del mundo”. (p . 27 – 28)


Ante la complejidad del pensamiento de Blanco  resumiré desde la lectura que hace Núñez (1985) el orden que el plasma de la obra de Blanco y que comienza en primera medida como inteligencia – IN-TELE-AGENCIA- que se comprende como “actividad que obra interiormente efectos finales que es la base de todo ser” (Núñez 1985, p. 28).  Siendo su pensar la esencia que fluyendo le permite estructurarse y desde ese estructurar permite darle un esquema al ser.  Ya en un segundo momento o ciclo  el papel le pertenece a la naturaleza la cual actúa como causalidad; el tercer ciclo esta dado en la Biología la cual se expresa en arquetipos los que le permiten a razón de Núñez (1985) acuatizar la vida misma.  El ciclo cuarto menciona Núñez (1985) hace referencia desde los postulados de Blanco a la existencia ya humana es decir a la del hombre clasificados en comunes y corrientes y los rarísimos.

Núñez (1985) expone:

Los primeros son los que obedecen a los procesos de la vida aún irreflexiva, a elementos del instinto, a la sinrazón del egoísmo, de la pasión y de todo cuanto es consecuente o concomitante de talesestados, el engaño, la perfidia, la traición: los estados en que no se ve nada general, sino sólo se siente lo particular, lo propio, en los que en su mano se realiza la in-tele-agencia. Aquellos tipos de hombres que no son capaces de fijarse un programa de acción y desarrollarlo interiormente para causar a distancia fines ciertos. Los segundos por el contrario son los que obedecen siempre a la claridad de lo súper consciente, a los factores de la vida reflexiva, a nociones de la inteligencia, a la razón del altruismo, de la acción generosa y de todo cuanto es consecuente de tales estados, la verdad, la sinceridad, la lealtad: los estados en que se ve todo lo general, se siente lo universal, lo propio que para mientes en la afirmación de lo colectivo. Todo lo anterior está determinado por la vida humana donde el hombre debe luchar entre el mundo de la fatalidad y el mundo de la necesidad(finalidad o destino), o sea entre el temperamento -como manifestación orgánica y el carácter –como manifestación espiritual-; y allí vence sólo cuando la necesidad se impone sobre el azar; el carácter sobre el temperamento; el destino sobre el sino; las causas finales sobre las causas mecánicas (p.29)

De allí que resulte un ciclo nuevo  que esta mediado por la historia y la cultura, antecedidos   por la psicología, aquel que trata de la producción para Núñez (1985) de la conciencia humana, para cerrar el ciclo en lo que Núñez (1985) determina como el mundo de la realidad social, en el cual las causas efectos están ligados entre sí.


Bibliografía
Núñez M. Julio(1985). Julio Enrique Blanco: LA DIMENCION METAFISICA DE LA INTELIGENCIA. Huellas 14, Abril. Uninorte. Barranquilla, Colombia.


[1] Sociólogo, estudiante de la Maestría en Filosofía Latinoamericana
[2] la negrilla es de mi autoría





jueves, 7 de junio de 2012

La Sospecha como creación

"Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit."
(Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro)

viernes, 20 de abril de 2012

Ensayos Finales

Apreciados Estudiantes; este espacio se destinara para la publicación de los mejores Ensayos presentados por ustedes......

martes, 17 de abril de 2012

Núñez y el regreso a la casa de los Asturias







Regresar el pensamiento y tratar de ubicarlo en distintos espacios concadenados  nos  permite comprender por qué las cadenas del presente pesan tanto, porque  el adagio popular  que incita a la repetición de la historia en un pueblo que se jacta de desconocerla, se enuncia como máxima  inconsciente en los espacios en los cuales  el pensamiento común  se  expresa con autoridad.

La historia “ha muerto”  declara con satisfacción los posmodernos, avancemos en el tiempo presente declarando que el pasado  no es significativo por la sencilla razón de estar allá, en ese lugar donde ya no se puede  cambiar nada, y al contrario si nos avergüenza.

Estas nuevas generaciones somos el resultado de una historia sin Ethos filosófico, somos posibilidad en lugar de ser decisión de posibilidad, nos condenaron antes de  nacer, nos enterraron antes morir.

El mestizaje es una maldición  que nos  concurre cada  década, cada lustro; las elites criollas y su amor por las migajas  nos  impidieron ver el sol de la libertad y nos condenaron por los siglos de los siglos, a vivir (como lo expreso Gabo(2004)) cien años de soledad y sobre todo como expresa la  introducción de este texto a no repetirlo como lo comprendió en su momento, el momento final,   Aureliano.

Marques (2004)

Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás                de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos)    sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el               instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que                todo lo escrito en ellos era         irrepetible desde siempre y para siempre porque las         estirpes condenadas a cien años de       soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra. 

La historia de Colombia se construye  sobre la nostalgia de la posibilidad de pensarlo diferente, y observar que no es diferente  el antes que el ahora.

Ese ahora que se presenta justo aquí, que evoca el antes, y evidencia  la catarsis de cualquier intento de coherencia entre legalidad y praxis, se concreta en la  lucha por la representatividad de lo público y de lo privado  entre Liberales radicales y su intento por la federación de la gran Colombia y la imperiosa necesidad de regenerar la conciencia  de un Estado que se diluida en  una simple Colombia sin su “gran”.

Camelo(s/f) Comenta:

La Colombia de la segunda mitad del siglo XIX fue un país paradójico: conocía entonces              su primera eclosión renacentista desde los sombríos días de la colonia y, a la vez, padecía las penurias de la miseria y el atraso como legado de la sórdida sociedad         señorial basada en la propiedad territorial heredada por una minúscula dinastía           vinculada por la sangre familiar, las clientelas políticas y las prerrogativas de la tradición. Es esa paradoja la que se expresaría desde la Revolución del Medio Siglo XIX              hasta la Guerra de los Mil Días, esa conflagración hecha de premura, farsa y tragedia    que terminó inaugurando tres desgracias de las que el país no consigue reponerse aún:            amputó del costado de nuestra geografía el promisorio istmo de Panamá; pervirtió los          últimos jirones que aún quedaban de patriotismo en el partido liberal; y condenó al       país a más de Cien años de Soledad, arrastrando la indigna circunstancia de ser una                 nueva colonia bajo el poder imperial de Estados Unidos. (p.1)

La intención del texto radica en la exposición de la formación del concepto de Nación en Núñez, pero es imperioso correlacionar variables que permitan comprender de una forma más acertada como y de qué forma  Núñez  construye su proyecto político  no aislado, sino más bien como respuesta al sentido necesario y suficiente de  la historia como proceso jamás discontinuo sino al contrario, en un devenir que exige rendición de cuentas en  cada generación, aunque en nuestro caso jamás hemos aprobado el examen que nos otorga el titulo de espíritu absoluto.

Partamos de un principio fundamental, Colombia se ha construido sobre la base de un ciudadano alzado en armas que tiene la guerra como discurso de identidad, anexados al discurso de los agravios y de la sangre derramada, discursos que  estructuraron los inicios de la república y de la patria como bien lo expresa Uribe (2001), situaciones que lo alejan del ciudadano propiamente occidental reconocido este  como un individuo autónomo en todo el sentido de la palabra.

¡No!, nuestro ciudadano es un cumulo de colectividades  que se construye sin un ethos filosófico y que está en contante disputa por las representaciones publicas  que construyen su identidad, no sobre categorías epistemológicas, sino mas bien sobre categorías practicas, es decir es un ciudadano el cual ve en el partido la esencia del Estado o demás construcciones ilustradas.

Urrego Miguel A. (s/f)  comenta:

Asimismo la dinámica política de estas décadas creó fuertes sentimientos de   pertenencia a los partidos políticos liberal y conservador, que se forma en los años             cuarenta. El resultado fue que la idea de nación adquirió un sello partidista, los   incluidos o excluidos en el proyecto de nación de cada colectividad eran en principio,            opositores políticos. (p. 15)

El ciudadano colombiano jamás ha construido nación o estado, pero ha logrado perfeccionar la patria y la república.

Usted lector estaría tentando a pensar que mi pensamiento y sus ideas hasta ahora aquí expuestas son el resultado de una esquizofrenia historia o en su defecto las intenciones de un terrorista en potencia, pero lo invito a que revise los discursos de nuestro  ex presidente Álvaro  Uribe, y observara como la patria y la república toman significación para enunciar la responsabilidad de nuestros ciudadanos con la causa;  a estas alturas no le quedara más que leer a (Uribe2001) y comprender que es hora de construir  verdaderamente un estado y una nación.

Pero siguiendo con mi intención, -  y pido al lector tener paciencia si en ocasiones divago en el sentimiento-  de mostrar como la construcción de  la “nación” o de solo su concepto,  en el periodo de la regeneración y especificadamente en el pensamiento de Núñez, sigue las lógicas históricas de intereses de un ciudadano poco racional y mas colectivizado, alzado en armas que propende por la defensa de un republicanismo más que de un estado y que puede llegarse a comparar a el hermetismo propio de las casa de los Asturias, en el momento en que gran parte por no decir toda Europa giraba en torno a las ideas de la ilustración.

La regeneración buscaba de nuevo entregarle  a los designios de Dios y sus representantes en la tierra  a ese nuevo  individuo que crecía bajo las interpretaciones de los liberales radicales, así el culto a la “libertad, fraternidad, e igualdad” que desembocaría en un individuo autónomo, consciente de su papel en la historia podría compararse con un individuo de talante pecadora y en contra de los designios de Dios.

Urrego Miguel A. (s/f)  comenta:

La Regeneración legitimó, desde la Constitución de 1886 y el concordato, una noción   de nación según la cual la Iglesia era el factor fundamental de cohesión de la sociedad,               y por tanto, la ley, la educación y la política debían definirse a partir de principios de              moral católica; consideró las pasiones políticas fuente de la anarquía que vivía el país por lo cual intentó sustituir la política por prácticas morales. Para ello se instituyó al          católico virtuoso como el paradigma del ciudadano; se afirmó que el liberalismo era sinónimo de pecado y escuela foránea de pensamiento. Además las nociones de         soberanía popular y Estado laico se consideraron impías; por último se resaltaron los             nexos culturales con España en ámbitos tales como la lengua, la religión, las       costumbres, etc. (p. 15)

La fundación del concepto o de la nación en sí misma es la evolución de un conflicto  primitivo, que se impregna en la conciencia del colectivo y se expresa tácitamente en la lucha entre  aquellos liberales radicales y la  disidencia liberal que abraza con amor judaico las posturas del conservadurismo y las intenciones históricas del clero en el país, (pensar en Bolívar – Santander – o en el peor de los casos la alianza Álvaro Uribe – Conservadurismo, no resulta coincidencia, resulta desgracia perpetua), la constitución de Rionegro de 1863, se desvanece y cede paso a la regeneración y el pacto sagrado entre conservadores e iglesia.

Núñez, como Álvaro Uribe,  sienten en su ser una imperiosa necesidad de ser los elegidos de la divinidad, los mesías esperados, que deben desterrar de la tierra todo aquello que no se exprese en “democracia”;  hay que hacer una limpieza,   el primero en contra de los últimos reductos de la tendencia marxista- lenilista y los sobrevivientes de Marquetalia y el segundo en contra de aquello que fundamentara en cualquier radicalismo.

Camelo(s/f) Comenta:

Núñez falleció el 18 de septiembre de 1894 de hemorragia cerebral, balbuceando a     doña Soledad las mismas palabras que recién escribiera a Carlos Holguín: "He creído        deber de conciencia hablar a usted de que... es evidentísimo, y me deja en la                 convicción absoluta de que el hombre sobrevive a su peregrinación terrena. Dios ha querido revelarme la verdad de este modo en premio de mi anhelante espiritualismo...               Y me pregunto: ¿En qué queda la ciencia humana?"1(citando a otro autor). Así murió el Regenerador, en la auténtica inautenticidad, pretendiendo presentarse con              "convicción absoluta", como Juana de Arco, destinatario de la revelación divina, pero                 terriblemente acosado por la única certidumbre que le acompañó hasta el sepulcro: la        de haber vivido y morir sin convicción alguna. (p. 2)

Traigo a colación dentro de este escrito a Álvaro Uribe, con la única intención de mostrar como las ideas expuestas en las primeras líneas son  una promesa que debemos pagar.

Ahora bien en relación a la posibilidad de la construcción de idearios o proyectos políticos propios tendientes a la consolidación de un estado o de una  nación, referenciada a los referentes ilustrados o en su defecto a los sentidos mentados propios de la organización norteamericana, el pensamiento de Núñez sigue la tradición de mantener el poder compartido con la moral católica,  abandona poco a poco el liberalismo y se enfila en las proyecciones identitarias del proyecto conservador.

 Camelo(s/f) Comenta:

Ya en 1875, en carta al jefe conservador Carlos Martínez Silva, Núñez  proponía la         "reorganización del ejército federal, de manera que deje de ser instrumento de partido     o electoral", y añadía: "El gobierno federal no se mezclará en asuntos de culto; pero su      indiferencia no será absoluta al tratarse del culto católico, siendo como es este culto el    de la casi totalidad de los colombianos"2. (Citando otro autor) (p.3)

Pareciese la concreción y la evolución del pensamiento español  en las prácticas y en el pensamiento de este líder político, una evidencia concreta de un retroceso  histórico, una vuelta a la casa de los  Austrias.

Urrego Miguel A. (s/f)  comenta:

La Regeneración igualmente pudo crear unos mitos fundacionales muy coherentes con            el proyecto político. Se dotó a la nación no sólo de un tinte conservador sino además           de una reconstitución de su pasado (el hispanismo) unos símbolos patrios (himno   nacional) una virtud del colombiano (la catolicidad), una institucionalidad fuerte (leyes          contra los opositores, constitución, centralismo, y facultades omní-modas) y una     redefinición de las fiestas nacionales (consagración al Sagrado Corazón de Jesús).(p.15)

                La concepción conservadora llevó no sólo a imponer una práctica política l         imitada y excluyente sino que desde ese principio restringió la nacionalidad, pues sólo           los católicos virtuosos podían pertenecer a ella. Bajo estas condiciones el escenario   político le fue cerrado al disidente y su única opción fue la violencia. Por ello, la          formulación del proyecto de la Regeneración únicamente podía suponer la guerra de            los mil días. (p.15)

Quiero cerrar esta perspectiva con la enunciación  del papel de los Estados Unidos y su interés por el Istmo de panamá y el papel jugado por  Núñez.

Bolívar lo había previsto, más allá del  problema que representaba España para la naciente república, había un enemigo que a futuro traería miseria a los países del sur, Bolívar sabía que su “hermano” del  norte tenía una voracidad incalculable y no se equivoco, 52 años después de su muerte en el senado de la república se expresaba:

 Camelo(s/f) Comenta:

"Para lo que pueda convenir a la República, te advierto que los Estados Unidos han resuelto apoderarse del Istmo de Panamá. Quisieron hacerlo          pacíficamente, por medio de un tratado con nosotros; pero se han encontrado          con la dificultad de que ni hay presidente que pueda constitucionalmente   entrar en tal negociación, ni habrá Senado que la autorice; entonces han pensado en sustituir al Gobierno constitucional por un Gobierno de hecho, que no teniendo limitaciones constitucionales, se preste a lo que desean. Al efecto,           han ofrecido a los radicales el dinero necesario para derribar al señor Núñez;   los radicales han rechazado la oferta, y entonces por parte de los Estados         Unidos se ha determinado entenderse directamente con un Gobernador del       Estado de Panamá, para contratar con él y desposeernos de nuestro territorio". Agrega el senador Álvarez: "Preocupado andaba yo con la idea de que los          Estados Unidos anduviesen buscando un traidor para poner en Panamá, cuando   me encuentro con la novedad de que el señor Núñez había contratado un      representante de ese Estado, quien había figurado como miembro de la            oposición, y que de repente apareció de agente del doctor Núñez con la misión de ir a Panamá" y lograr "que por cualquier vía torcida el señor Núñez fuese     declarado Gobernador de ese Estado"7.(citando otro autor) (p.3)

El  papel de Núñez queda especificado en el párrafo anterior, la reafirmación de la subordinación  de la república a un estado nación de verdad.

Las  consecuencias de un proyecto político de este talante, en el cual se enfrentan las dos posiciones, préciese ese movimiento lineal  en el que el demiurgo juega a los dados, momentos en los cuales el espíritu absoluto no se hace concreción por la inmadurez de su corporalidad a histórica.

Francisco (1983) comenta:

Asumiendo la interpretación de Núñez, se puede concluir que, el proceso de la historia             es ciego en apariencia, es inexplicable en su superficie, por ser profundo en su       contenido. Fuera de él, en el plano humano, los hechos solo tienen mediana  o       aproximativa comprensión, aun siendo los hombres los ejecutantes básicos de ellos.     Por eso afirma  que el papel del hombre es “proponer” el curso de la historia y el de   Dios “disponer” su sentido.

Esto es la concreción de la tesis central del texto,  la posibilidad de quitar los enunciados propios de la idea ilustrada que  de alguna manera había impregnado a los liberales radicales y le otorgaban al hombre poder sobre sus designios, y retornar de nuevo a la razón medieval,  en la cual Dios reclama su trono en cabeza de Núñez, para durar 105 años más.

Se pierde el territorio, así  como cualquier intento de significación categórica que devele el paso del devenir, no hay superación del espíritu subjetivo, y su una entrega total a la casualidad como acontecer histórico.

Se ha mencionado que la regeneración de Núñez, busca consolidar un individuo con un ethos particular, la obediencia absoluta a una nación que se profesa católica, y que espera que sus ciudadanos  dirijan sus acciones éticas y morales al cumplimiento de los designios divinos, expresados por Dios en sus representantes terrenales. “La relación existente entre los dos niveles de la historia (citando a Núñez), está posibilitada por la intermediación que se establece entre la guía divina y las acciones de los pueblos, a través de sus grandes exponentes” (Francisco (1983) p. 6)


Para Núñez era necesario que las prácticas societales correspondieran con la relación individuo sociedad, pero encontraba en este primer modelo liberal una exageración de la individualidad del propio sujeto autónomo ajustado al liberalismo ilustrado de la revolución francesa, individuo  que solo era posible  rescatar  desde una base  religiosa y una reorientación política, que según él había adquirido a partir  de sus  experiencia tanto en EEUU como en Europa, así como las diferentes ideas que circulaban desde escuelas de pensamiento como el utilitarismo,  el positivismo e ideas de pensadores como Mill y Spencer .

Francisco (1983)  comenta:


En América Latina y en Colombia comparativamente, encuentra Núñez que el balance histórico, contaba con unos precedentes funesto, causante de grandes fracasos. Observando el panorama, decía: “En el curso de nuestra vida independiente  el mantenimiento del orden publico ha sido la excepción y la guerra civil la regla general”; a causa prioritariamente de la mentalidad individualista erigida por formula política salvadora, puesto que, según anota, con ella  se instauro “el imperio desordenado de las inteligencias primitivas en medio de la profunda  ignorancia  de masa medio salvajes”(citando a Núñez) Reiteradamente señala  que esta responsabilidad caía  sobre aquella mentalidad idealizada y por ende inconsistente con la realidad social, calificada de semisalvaje. No se trataba tan solo de un problema de incompatibilidad especifico, sino de lo que era en el fondo más importante, de una situación de imposibilidad política, por la cual el enfoque teórico no correspondía a la esencialidad humana, cuya característica social y no individual, exigía formas políticas que colocaran en primer plano la preservación de la colectividad, sus valores y sus instituciones, lo que tenia que hacerse de una manera mas definida en AL, por la naturaleza incipiente de sus pueblos (p.31)


En Núñez  la nación está determinada como lo expone Francisco (1983) por cinco factores fundamentales: casualidad, cambio, relativismo, renovación, conservación, factores que estaba opuestos en su gran mayoría a los que fundamentaban el discurso liberal radical, y que buscaban justiciar la relación entre Ley-circunstancia-divinidad.  “Esta correspondencia, entre Ley-circunstancia-Divinidad, establecía la validez – adaptabilidad-moralidad y legalidad de las leyes, al igual que su temporalidad” (Francisco (1983) p. 33)

Esta categorías pueden seguirse en forma concreta en el nuevo sistema político que buscaba ordenar desde una esencia divina la degeneración en la que había caído el hombre de las luces en Colombia y que se expresaba mas tácitamente en aquellos que profesaban el liberalismo radical y que dieron vida a la Constitución de Rionegro, la misión profética de Núñez, consistía  entonces en  regenerar ese hombre que había caído en el caos y el pecado por profesar su individualidad.

Sin embargo purificar este hombre y conducirlo  hacia una verdadera república central, limpia de gamonalismo locales, no fue tarea fácil, y solo posible por medio del ciudadano republicano y patriótico que expone Uribe(2004), justo allí desde el discurso del ciudadano alzado en armas y una justificación de un gobierno de autoridad, se da la implementación del estatuto básico  que buscaba la unión, redactado por Núñez y que sería la guía para la purificación de la república, el cual preponderaba como expone  Francisco(1983) entre otras,  la eliminación de cualquier rasgo del liberalismo radical y de su expresión concreta en la Constitución de Rionegro, así como el reconocimiento hacia la educación religiosa como principio básico de educación, todo esto siguiendo las experiencias de países como Alemania, Suiza y los Estados unidos.


Estas vicisitudes  expuestas en este corto y superfluo escrito, sobre la construcción de nación en Rafael Núñez, despierta a bien saber lo que expone Santos (1994) en el prologo al texto de Rafael Núñez de Indalecio Lievano Aguirre, o bien una admiración o un repudio por esta figura política. “desde su punto de vista liberal  ha querido revisar todo  un criterio liberal de medio siglo para juzgar al hombre más discutido y mas aborrecido en las filas del Liberalismo”(Lievano1944)prologo de Eduardo Santos. P. 7).



Bibliografía

Fráncico (1983), Bases Teóricas de la “reforma política en Colombia” de Rafael Núñez”. Medellín. Colombia.  Monografía  de grado. Ubicación,  Biblioteca Luis Ángel Arango 

Lievano, Indalecio (1944) Rafael Núñez, Medellín, Colombia. Librería Siglo XXI.

Uribe, María T. (2001), Nación, Ciudadano y Soberano. Medellín, Colombia. CORPORACIÓN REGIÓN

Camelo Alfredo(s/f), La tragedia de la Guerra de los Mil Días y la Secesión de Panamá, extraído el 8 de Mayo de 2011 de http://deslinde.org.co/IMG/pdf/La_tragedia_de_la_Guerra_de_los_Mil_Dias-_Alfredo_Camelo_Bogota.pdf

Urrego, Miguel  A. (s/f) Mitos fundacionales, reformas políticas y nación en Colombia. Nómadas,  recuperado el 8 de Mayo de 2011 de http://www.ucentral.edu.co/sites/publicaciones/images/stories/iesco/revista_nomadas/8/nomadas_8_1_mitos.pdf

Uribe, María T. (2004), El republicanismo patriótico y el ciudadano armado*. En Estudios políticos. No. 24. Medellín. Colombia,  extraído el 8 de Mayo de 2011, de http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/colombia/iep/24/4%20el%20republicanismo%20patriotico.pdf