miércoles, 20 de junio de 2012




El QUIJOTE BLANCO;  ESE QUE LE LLAMAN JULIO ENRIQUE
                                                                                              Por: Camilo Bravo[1].
En esto descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como Don Quijote los vio, dijo a su escudero: la ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla, y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer: que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra. ¿Qué gigantes? dijo Sancho Panza. Aquellos que allí ves, respondió su amo, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas. Mire vuestra merced, respondió Sancho, que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que volteadas del viento hacen andar la piedra del molino. Bien parece, respondió Don Quijote, que no estás cursado en esto de las aventuras; ellos son gigantes, y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla
Don Quijote Cap. VIII

Corría el año 17 de 1900 y según la historia, en alguna llamada  revista “Voces”  un pinche (utilizando las expresiones del maestro Juan Cepeda) muchachito filosofo que entre los veinte y los treinta años de edad, publica lo que parecería su inaugural obra que intitulo  “De la Causalidad en Biología” (Nuñez1985, p. 21), y no siendo la única pero si aquella que llamaría la atención de no un “pinche” filosofo,  que admirado  decide publicarla en su propia revista y de paso escribirle a un colega suyo exponiéndole  “el gran porvenir que le espera al joven filósofo colombiano” (Nuñez1985, p. 21). 

El escrito mencionado en líneas anteriores como su autor deberán enfrentarse a un mundo  lleno de aventuras en la cual la epopeya central está  a cargo de Nietzsche y las pésimas interpretaciones que hacen de este, estos pocos versados en las aventuras.

Núñez (1985) expone:

Tanto en Medellín como en Barranquilla hubo reacciones. Este primer trabajo de Blanco y otros que más tarde aparecerán en la Revista “VOCES” producen un grande impacto en un grupo de jóvenes antioqueños estudiosos de la obra de Nietzsche, sin embargo, imbuidos en el pensamiento del filósofo alemán, a quien por cierto han asimilado mal, -véase Enrique Restrepo “Las influencias de F. Nietzsche en las generaciones jóvenes de Antioquia”, Voces Vol. III (25) –1918 - no alcanzan a valorar sensatamente las propuestas iníciales del joven filósofo barranquillero; en Barranquilla entre tanto, los jóvenes del grupo de “Voces”, a pesar de que en ellos los trabajos de Blanco han causado una grata impresión, comienzan a hacer bromas alrededor de las “raras inclinaciones” del joven Blanco, hecho que va a motivar un primer distanciamiento entre Blanco y el grupo de “Voces”. Lo que obliga a Ramón Vinyes a disculparse y a comunicarle cuál es el verdadero sentido de las bromas que se hacían de sus escritos: “Ayer le decía a Antonio Luis McCausland, a quien le mostré su carta, el daño que con nuestra risa negativa le habíamos hecho a Ud ... Voy convenciéndome cada día más que lo más trágico de la vida es la pérdida de la fe. Y Antonio Luis más que nadie. Usted no escribe como escribía. Ud. no habla como hablaba ... ! Y si alguien debe continuar de nosotros en su obra es Julio Enrique Blanco. Le digo todo esto porque su carta, fría y recelosa, me lo sugirió. Le encanta “VOCES”. Le espanta no se cuántas cosas más. Créame, Julio Enrique, hay una solidez en Ud. que no debe ser minada, ni debe quedar inútil. Lo mismo que aparentamos no creer en nada hemos de decirle que sí creemos en lo que Ud. hace.

                        Publique o no publique, escriba. Y escriba con entusiasmo como escribía antes. ¿Que nadie nos comprende? Sí los hay. No crea que Henri Poncairé, si hubiera publicado sus hipótesis cosmogónicas en “Voces” hubiera oído comentarios más inteligentes que los que Ud. haoído comentando (sic) su “Causalidad Biológica”. (DeRamón Vinyes a Julio E. Blanco - Correspondencia,21 de julio de 1918)” (p,  21).

Sin embargo nuestro “pinche” filosofo,  ese Blanco que llaman julio, versado en esto de las aventuras decide entrar en desigual y “feroz” batalla, no sin antes comprender que eso de hacer filosofía en Colombia es “para gente estrafalaria(Nuñez1985, p.22) situación que el maestro  Mesa, ese que llamaron Luis López  le confirma.

Núñez(1985) expone:

“(...) dudo que haya un colombiano entre un millón que acierte a apreciar esa intención suya: aquí, generoso amigo, el nivel mental no alcanza para desentrañar alusiones, así sean útiles como la que informa su trabajo (...) esfuerza decirles pan, pan; vino, vino, y aún así, lo declaran a uno ininteligible, y hasta farsante, cuando son vehementes”. “Qué quiere decir Ud...? si ya sabíamos que nuestra manía de filosofar no tiene aún ambiente en esta cultura incipiente colombiana”. (De López de Mesa a Blanco - Correspondencia, 1920). (p. 22)

Este “pinche” filosofo vuelve de las Europas y colaborando de vez en cuando  en la revista que dirige López de Mesa en Antioquia  “procura”  exponer  los resultados de esas tertulias que en nombre de la ciencia y la filosofía daban con sus pares de la primera revista. De este trabajo  resultan obras como utilidad pedagógica de la filosofía, progreso material y progreso espiritual ; además como un acercamiento en este periodo del joven blanco que llamaron Julio a autores como Hegel y Husserl.

Sin embargo nos sigue contando la historia que estos escritos merecieron  poca atención por parte de los Sanchos, al punto siquiera de comentarlas, y fueron llevando a nuestro “pinche” filosofo a un solipsismo en donde la importancia estaba en la escritura personal, sobre la publicación, y aunque lo intento y lo intento y lo intento, en esta no estaba su  hora feliz.

Nuestro Quijote ese que llamaron Blanco y que le decían Julio se desgastaba en los anales del tiempo y los ensayos,  mientras  los otros esos que llamaron de algún nombre, pero que aquí les decimos Sanchos se premiaban ellos mismos mientras dejaban a nuestro Quijote  olvidado en los estantes de lo extraño, “no aparece el nombre de Julio E. blanco, y cuando esto sucede, lo será sólo de pasada y como alguien que escribía extraños jeroglíficos en alemán” (Nuñez1985. P. 23)

¿Pero que ha permitido que a este Quijote que es Blanco y que la gran mayoría le decía julio, el olvido lo tenga  sus más sinceros afectos? Pues según Núñez(1985) esto se debió a lo complejo que resulta la obra de Julio Enrique Blanco,  además del poder centralista que ejercen los polos de desarrollo  filosófico, como los son Bogotá y  Medellín; que en reflexiones de Núñez(1985) la historia seria otra si ese “pinche”  hubiese nacido en alguna de las dos.

Núñez(1985) declara:

Por lo general los pocos estudiosos que se han acercado a la obra de Blanco lo han hecho sólo para decir cosas como éstas:
“Blanco domina perfectamente el griego, el latín, el francés, el inglés y el alemán, idiomas que conoce ampliamente, especialmente, este último. Tanto lo conoce que su construcción no tiene la claridad de la prosa española.

            Es confuso, difuso y abstruso como un germano. Carece de estilo, o si lo tiene, no es español”. (Benigno Acosta Polo). O apreciaciones tan desconsoladoras como éstas:“(...) Blanco, formado según parece, en la filosofía kantiana; usa un idioma áspero, hermético, imposible de digerir. Por esto mismo es difícil  terminar la lectura de cualquiera de sus ensayos”.(Silvia Villegas) (p. 23 – 24)

Ahora bien para Núñez (1985) el problema en la lectura del “pinche” Blanco que estoy casi seguro  los amigos le decían Julito, radica en la originalidad donde “una prosa ciertamente exigente, pero ágil y absorbente, va abriendo camino a ese difícil y profundo tema de que trata” (Núñez 1985, p 24)

¿De qué trata mas entonces más o menos?, trata de comprender que Blanco a secas, porque ya sabemos de quien estoy hablando,  busca comprender la relación según Núñez (1985) de la palabra con su intención para lograr niveles profundos de la  rigurosidad  filosófica.

Así, Núñez (1985) nos muestra en este escrito que es menester comprender  (que así como Pablo Jerenas ha tenido tres momentos en su evolución intelectual[2]) en Blanco tres momentos fundamentales  en el desenvolvimiento de su conciencia filosófica dadas en forma progresiva, simultaneas y que se organizan: a) primeros estudios que comprende desde sus 17 años a los 30, b) esfuerzo por comprender el ser y la mentalidad del español y una lucha personal por no caer en el solipsismo, c) pretendía la articulación  de un nuevo sistema en la filosofía. 

En  este orden de cosas la primera etapa  estuvo marcada según Núñez (1985) por una realización de la conciencia de sí mismo entre otros,  gracias a una disciplina evidenciada  en sus estudios autodidácticos, esto desde un sentido crítico; Paso así de la literatura en autores como Víctor Hugo, Dumas, etc., hacia el mundo de la  filosofía y la ciencia, de este mar de conocimiento y que estaba acorde con su rigor en la filosofía  que mencionamos anteriormente, Blanco  comienza a reflexionar sobre su interior en busca siempre de la conciencia que se piensa.


            Núñez (1985) expone:

En estos años el joven Blanco además de mirar a todo cuanto venía del exterior -la perplejidad ante la maravillosa multiplicidad del mundo natural-empezaba a reflexionar sobre todo cuanto provenía de su interior (3), tratando de compaginarlo todo para tenerlo presente en el crecimiento genético de su conciencia. Labor de precisión y fijación metódica y hasta cierto punto sistemática, a fin de ser lo que parecía haberse propuesto ser: una conciencia filosófica, un espíritu metafísico quedaba razón de la existencia. Emergen entonces, las primeras reflexiones filosóficas: “¿Qué son las cosas que constituyen el exterior de la existencia que nos circunda?” “¿Qué es, frente a ese exterior, el sujeto que constituye la existencia de nuestra entidad interior?” “¿Cómo reducir ambas cuestiones a una sola para hallarse la debida solución unitaria?” “¿Qué es el pensamiento?” “¿Qué es el movimiento?” “¿Cuál es el desenvolvimiento de los elementos esenciales de nuestra vida mental?”“¿Qué es una noción?” Tales son las cuestiones que demandan una explicación y que ahora se les presentan al joven Blanco como altamente filosóficas. Y de estas reflexiones brota su primer planteamiento filosófico: “¿Qué existencia debo atribuir a mis conocimientos?” “¿Son éstos la manifestación individual de una inteligencia superior a mí mismo, luego genérica, y superior también a la especie humana, luego supragenérica, más aún, superior al mundo, luego supramundana?” “¿O son ellos el producto de este mundo, aquella especie humana, el individuo orgánico de esta que he venido a ser yo?” (p. 25)


Este momento ubica a Blanco en un mundo anclado en el positivismo  que según Núñez (1985) giran en torno a pensadores de la talla de Haeckel, Darwin, Spencer,  y finalmente Kant, y que dio como resultado obras notas y ensayos como “historia comparativa de los sistemas filosóficos” entre muchos, que se consolidaran en el año de 1921.

En una segunda etapa las preguntas del cómo y el porqué serán centrales en la formación filosófica del Blanco para cerrar por decirlo con el encuentro entre Blanco y los escritos Kantianos que permitió el replanteamiento de la obra de nuestro querido Quijote.  Aquí las dos primeras preguntas las rastreadas en el ethos ibérico, además del solipsismo que le produjo el encuentro con Kant y que según Núñez (1985) estaba llevando a Blanco al solipsismo absoluto.


Núñez (1985) expone:

Realizadas estas investigaciones, obtenidas las averiguaciones que necesita, acuciado ahora por las hondas preocupaciones metafísicas que le han planteado las obras de Kant, trata de evitar a toda costa el riesgo que siempre amenazan al ensimismamiento intenso de la propia reflexión del ser: el riesgo del solipsismo absoluto.

Lo que necesitaba, abrumado como estaba por el esfuerzo incesante de expresión que en vano intentaba, de una filosofía, más aún, de una metafísica cuyo lineamiento me perseguía como una obsesión para vencer no sólo el idealismo, sino el tedioso e infecundo solipsismo en que frecuentemente venía a parar; animándose ya con los vislumbres de un intelectualismo afirmativo de la realidad sensible, lo que necesitaba era, repito aún, precisamente lo contrario de la monotonía interior de la especulación ego central; es decir, necesitaba la variedad exterior de la vida, de la naturaleza, del mundo”. (...) “necesitaba y quería dejar venir hacía mí lo exterior, lo expresado ya, para que penetrase en mi interior y me saturase de sí lo que en mí permanecía como pasivo e inexpresado aún, a fin de que me infundiera –si era posible, como lo imaginaba- una savia de vida nueva”(p. 26)

Este salvaje abismo que produce el solipsismo Blanco lo salva estudiando el pensamiento del cercano Oriente, llevado según Núñez (1985) a un viaje por Egipto, Paris, palestina.

Cierra el círculo el tercer momento o la tercera etapa que para Núñez (1985) es la más intensa y sobre todo más densa ya que es justo en esta donde Blanco elabora su filosofía original o metafísica:

Núñez (1985) expone:

“la expresión fundamentada para explicar lo que había venido a ser mi conciencia del fenómeno de la individuación humana en mí hasta llegar a ser el espíritu creciente de esa filosofía, (...), dentro del sistema genérico tamo bien creciente dentro de la integración siempre totalizable a cada momento o período de la historia, pero nunca definitivamente finito, de esa misma filosofía”. Libre ya su intelecto de aquella mentalidad española que él conceptúa “estorbo”, halla la libertad creadora del propio pensamiento y la independencia dignificadora del verdadero espíritu de la humanidad; entonces en su conciencia “fue delineándose en esquemas dinámicos de dialéctica para una lucha incesante de esfuerzos autodidácticos que volaban hacia un entendimiento más que telúrico, cósmico, de la existencia”.   Esta labor se fijó primero como un “LINEAMIENTO RACIONAL DE FILOSOFIA”, para fijarse después definitivamente, como una “METAFISICA DE LA INTELIGENCIA” donde inteligencia se descompone etimológica y semasiológicamente en “in-tele-agencia para connotar un doble aspecto: 1) la actividad radical, esencial que 2) interiormente se promueve rara obrar a distancia efectos finales. (p.26)


Estas formulaciones están amparadas e 14 pasos que Blanco a desarrollado por más de 5 décadas;


Núñez (1985) expone:

1) de una averiguación histórica, introductoria, de la egología donde críticamente examina los conceptos del Yo en Descartes, Locke, Berkeley, Hume, Leibniz,Kant, Reinhold, Beck, Fichte, Schelling, Hegel,Maine de Biran, Balmes, Bergson, James, Husserl, Freud, Jung y Koffka;, 2) de una noulogía donde dilucida en sus elementos el concepto de la in-tele-agencia; 3) de una cogitología similarmente dilucida en sus principios el concepto de la actividad esencial de la in-tele-agencia en cuanto ejercicio cogitante; 4) de una consecuente egología, 5) acerca del Yo; 5) de una categorilogía o tratado delo que son las categorías, como modalidades radicales de la in-tele-agencia; 6) de una noematología, o tratado acerca del espacio y del tiempo en cuanto actividades ya más que meramente categóricas, discursivas, que son intuitivas en la raíz misma de la in-tele-agencia; 7)de una arquetipología, o tratado de los arquetipos, las actividades in-tele-agentes que son los dechados de las modalidades esenciales en función de las cuales, como principios de todas las individuaciones, se producen y promueven los tipos de los seres, arquetipología que así da tránsito a una 8) Ontología que comprende las generalidades de la producción del ser o entes en general, y de aquí se fundamentan los tratados acerca de: 9) una fisiogonología o doctrina de la producción de lanaturaleza; 10) de una biogonología o doctrina de la producción de la vida; 11) de una antropogonología o doctrina de la producción del ser humano; 12) deuna psicogonología o doctrina de la producción de la consciencia humana; 13) de una historigonología o doctrina de la producción de la existencia histórica; 14) de una religiogonología o doctrina de la producción de los fenómenos religiosos; y, finalmente de una teogonología o doctrina de las manifestaciones de lo divino en cuanto teo-fano-Iogía el efecto final a distancia interiormente buscado a través de la consciencia en el espíritu mismo del hombre (p. 27)

 Para finalizar Núñez (1985) nos posiciona a Blanco dentro de la línea del intelectualismo  que se puede rastrear desde la sabiduría de los egipcios,  como en la misma  Critica de la Razón Pura, pero tomando como referente  el principio egipciaco-greco-latino, que ha permitido la compresión con el todo.

El objetivo de Blanco nos plantea Núñez (1985) está en dotar a la metafísica como ciencia, epistemología o teoría del conocimiento, tratando de  superar las condiciones dadas por las ciencias físicas o naturales, “Fundamentación nueva de la metafísica como ciencia, en la que realiza una audaz síntesis de la estética trascendental de Kant, y la teoría de la relatividad de Einstein” (Núñez 1985, p. 27).

Si seguimos el orden de la lectura vemos como en las formulaciones de Blanco existe una complejísima fundamentación ya que en él están las intenciones de soslayar tanto el problema de Kant frente a la metafísica como ciencia y la superación de las problemáticas encontradas por científicos como Plank e Einsten.

Núñez (1985) expone:

Por una parte las limitaciones que, según Blanco, presentan algunos planteamientos de Kant en lo concerniente 1) al concepto de inteligencia que en Blanco adquiere una dimensión metafísica, 2) en lo relacionado a la intuición inteligible, la que en Blanco asumein sospechados poderes para desentrañar el problema del absoluto, para Kant ésta no se realiza en el ser humano; asimismo 3) la rigidez del esquema categórico de Kant, que en Blanco se torna dinámico, y finalmente lo que concierne a las nociones de las intuiciones puras del espacio y el tiempo que en Blanco se ven dinamizados por la cuadridimensionalidad einsteniana. Por otra parte, ir más allá del borde del abismo, del misterioso abismo, allí donde el tiempo y el espacio quedan reducidos a meras sombras que se esfuman, abismal misterio que no les permitió a los eminentes sabios mencionados y a otros como Michelsen; Morley, Lontz, dejar en claro el origen de la dinámica eléctrica de los cuerpos, de la electricidad, de la magneticidad, la luminosidad y gravedad.


De allí es entonces de donde parten las tesis originales (4) de Blanco, que partiendo de le físico, van más allá de lo físico, desde donde se dimensiona lo metafísico:

“Me pregunté si era posible enlazar el esquema kantiano en su trascendencia del espacio y tiempo, continuo einsteniano, en su realización del ya integral espacio-tiempo. Y me respondíque sí, ciertamente, en cuanto se podía establecer una proyección, prolongación de la subjetividad de aquel esquema (Kant) -que por algo y para algo era trascendental-en la objetividad de esta realización. Bastaba así construir la fórmula del espacio euclídeo, considerada por Kant: x, y, z, conforme a la fórmula del espacio ya plus cuan euclídeo para establecida por Mikonki y Einstein: x, y, z, t, intuir el dinámico esquematismo kantiano,  subjetivo en su trascendencia, lo fenomenal que se proyecta a través del continuo relativismo einsteniano, objetivo (ya) para realizarse en la primera estructuración natural del mundo”. (p . 27 – 28)


Ante la complejidad del pensamiento de Blanco  resumiré desde la lectura que hace Núñez (1985) el orden que el plasma de la obra de Blanco y que comienza en primera medida como inteligencia – IN-TELE-AGENCIA- que se comprende como “actividad que obra interiormente efectos finales que es la base de todo ser” (Núñez 1985, p. 28).  Siendo su pensar la esencia que fluyendo le permite estructurarse y desde ese estructurar permite darle un esquema al ser.  Ya en un segundo momento o ciclo  el papel le pertenece a la naturaleza la cual actúa como causalidad; el tercer ciclo esta dado en la Biología la cual se expresa en arquetipos los que le permiten a razón de Núñez (1985) acuatizar la vida misma.  El ciclo cuarto menciona Núñez (1985) hace referencia desde los postulados de Blanco a la existencia ya humana es decir a la del hombre clasificados en comunes y corrientes y los rarísimos.

Núñez (1985) expone:

Los primeros son los que obedecen a los procesos de la vida aún irreflexiva, a elementos del instinto, a la sinrazón del egoísmo, de la pasión y de todo cuanto es consecuente o concomitante de talesestados, el engaño, la perfidia, la traición: los estados en que no se ve nada general, sino sólo se siente lo particular, lo propio, en los que en su mano se realiza la in-tele-agencia. Aquellos tipos de hombres que no son capaces de fijarse un programa de acción y desarrollarlo interiormente para causar a distancia fines ciertos. Los segundos por el contrario son los que obedecen siempre a la claridad de lo súper consciente, a los factores de la vida reflexiva, a nociones de la inteligencia, a la razón del altruismo, de la acción generosa y de todo cuanto es consecuente de tales estados, la verdad, la sinceridad, la lealtad: los estados en que se ve todo lo general, se siente lo universal, lo propio que para mientes en la afirmación de lo colectivo. Todo lo anterior está determinado por la vida humana donde el hombre debe luchar entre el mundo de la fatalidad y el mundo de la necesidad(finalidad o destino), o sea entre el temperamento -como manifestación orgánica y el carácter –como manifestación espiritual-; y allí vence sólo cuando la necesidad se impone sobre el azar; el carácter sobre el temperamento; el destino sobre el sino; las causas finales sobre las causas mecánicas (p.29)

De allí que resulte un ciclo nuevo  que esta mediado por la historia y la cultura, antecedidos   por la psicología, aquel que trata de la producción para Núñez (1985) de la conciencia humana, para cerrar el ciclo en lo que Núñez (1985) determina como el mundo de la realidad social, en el cual las causas efectos están ligados entre sí.


Bibliografía
Núñez M. Julio(1985). Julio Enrique Blanco: LA DIMENCION METAFISICA DE LA INTELIGENCIA. Huellas 14, Abril. Uninorte. Barranquilla, Colombia.


[1] Sociólogo, estudiante de la Maestría en Filosofía Latinoamericana
[2] la negrilla es de mi autoría





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